Una surtida no toma lugar
con compaña
o con buena compaña
sino a solas: con una pluma,
y con único objeto de aprender.
Nos llamaron a puerta trentaitrés
«en breve comienza el embarque»
y la obvia bola peninsular
expuso el desmadre de la cultura dieta.

El año fue secuencia de boletos mal directos. Hemos:

Januario: puente del Rey, y Reina de la Liga.

Febrario: puerto musicante, y fuente portamonedas,
(maledicción y remanencia en la Tierra).

Marcio: haven van de kopers.

Abril: monaguillos, cima de bancos, dos gruta de orsos.

Mayo: otra gruta de orsos.

Junio: frontera al Osten.

Julio: canal de tres cruces y falda alpina,
(«Habremos de intentarlo»).

Augusto: viñedos, mirabelas, y manzanales.

Septiembre: sobre todo la tierra baja en poniente.

Octuebre: máscara de lucha y pingüino y lengua de libro.

Noviembre: mormorlandia, Puerta de Europa.

Diciembre: móderland.

Mañana dirán «Será un buen día», y lo será:
y nadie dormirá bajo un puente,
no habrá ni hambre ni mucho ocio.
Pero hambremos un problemo:
que no habrá sueño por más que noche sí hubiere.

Siempre ponemos la pregunta:
¿y qué si nos haces falta?
Esta vez nada porque quién sabe qué finiere.

Y mientras no hubiere responsura, no habrá sueño.

Una surtida no toma lugar
cuando la cabeza, en lugar de mapas
y museos y memorias,
trata de cumular números y verbos
en lengua foránea con único objeto
de inscribir la gamba entre penínsulas
o la península entre las gambas.

Una surtida no toma lugar
con compaña
o con buena compaña
Pero por al resto de la vida,
viva una compaña buena.

Madrid