Mi nombre es un mismo con el mar del septentrión.
Me llaman “pirata de Ambuergo”
y “ocaso del Puerto Namún”.
En muchas naves yo fui capitán.
Asalté Puertos Viejos y Nuevas Casas;
y toda Escaña y San Martín
suspiran mi nombre en vez de decirlo:
con miedo de traer la mala vibra.

Yo digo a mi barco: “muévete”
y mi barco menea su cuadromadera.
Yo digo al viento: “sopla”
y con el viento se mece la vela
más alta de la ingeniería.
En mi nave el manual de seguridad
no está escrito ni en papel ni cuero
sino en blava cerámica regal.
Yo digo al mar: “tengo hambre”
y el mar escupe percebes con miel
y trufas de chocolate 90% sólidos de cacao.

A mi barco –que se llama Castillo de Namún
y parte cada diciembre de Plaza de España
a repartir juguetes y cerveza
en cada rincón de mi atlas incompleto–
le falta tripulaje.

Y cada vez que ando en mi barco
el mar se hace un mar de calles sin pisar.
Y cada vez que entro en mi barco
las estrellas se ordenan en el cielo
como mostrándome via a tu fuente aguainfinita de la juventud.
Y cada vez que vengo en mi barco
y si la noche no está estrellada
entonces se estrella la noche.

Ven a mi barco,
que le falta tripulaje.
Ven a mi barco
que habrá tesoro y puertos viejos
y nuevas casas por pillar.
Y habrá chorizo y arenque bermellón
y limón pa’ el escorbuto
Y aunque no haya vino, habrá cerveza
y tu fuente aguainfinita de la juventud
y leche de coco infinito.

Y cada vez que entres en mi barco,
cada vez vinieres en mi barco.

Ven a navegar mi barco arremojado,
fontana
poncedeleonina.
Y después de aquese viaje
permíteme remar
el bote de tu agua.